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En foto: 

ABUELO:  “¡Qué pocavergüenza, c%&#!, aquí a uno lo mandan a cualquier ventanilla.”

Las facultades:  técnicas y objetos / La crítica como memoria sensible y reconstrucción imaginal

Pepe Liboy sobre su experiencia viendo Las facultades:  “La pude ver casi completa por Zoom. Recuerdo la obra y hay algo nuevo, el monólogo sobre la educación de los niños en la actualidad, que es cuando el joven dice que los estudiantes de hoy no pueden ni redactar un párrafo decente. Las tomas sobre la colecturía también me llamaron la atención, es verdad que el abuelo le debe dinero de la finca al Gobierno, que esa es la deuda que trabaja el servidor. Me quedé sin voltaje para verla a color, pero podía escuchar bien el libreto. Nunca había visto a Magda en escena. Me gusta mucho el aire espacial de la escena donde está el actor con una recubierta de plástico en el rostro que se distiende cuando respira. Recuerdo las intervenciones de texto cuando dices que nos vampiricemos. Me llamó la atención le escena de Rafael en la mesa leyendo los periódicos. Preciosa la obra.”

 

La simple exposición de recuerdos y peripecias en el acto del espectador se mezclan en el comentario con cierta inventiva sobre lo que sucede en la pieza [en otro comentario Liboy afirma que el escenario de "Las facultades" es una antigua hacienda isleña donde el Servidor (un encuerpamiento tecnológico-mediático) es esclavo del Abuelo y a la vez pretende a la hija de la familia]. La realidad alterna que surge de esta lectura nos recuerda a Roland Barthes (hablando del texto) y a Jacques Rancière (hablando del teatro) y la noción de la construcción de la pieza como proceso dinámico a través de la agencia de quien la capta.  En 1999, el crítico y maestro dramaturgo puertorriqueño Abniel Marat publica una reseña de "Hagiografías", el primer montaje de Casa Cruz de la Luna en su versión en el Ateneo Puertorriqueño, en donde reconforma sus impresiones para generar visiones alucinantes (aún para nosotros) sobre las escenas.